Menos dolor

El yoga logra un efecto placebo. Los médicos recomiendan su práctica para aliviar los dolores crónicos de la enfermedad arterial coronaria, el asma, la diabetes, el linfoma y el cáncer de mama. Según un estudio publicado en la revista Psychoneuroendocrinology, una meditación yóguica de apenas 12 minutos reduce la respuesta inflamatoria del sistema inmunitario, que se relaciona con muchos problemas crónicos de salud.

El yoga ayuda con los dolores de espalda (se calcula que los sufren más del 60% de la población). Según un estudio publicado en Annals of Internal Medicine, los sujetos que padecían estas dolencias y practicaron dicha disciplina notaron sus efectos analgésicos y, además, en unos meses podían realizar movimientos que antes les resultaba imposible por el dolor. Con las migrañas también hay investigaciones que demuestran que contribuyen en su prevención.

Más Inteligencia

Un estudio publicado en Frontiers in Aging Neuroscience analizó a 47 personas adultas, 16 de ellas practicaban yoga. Se les realizaron resonancias magnéticas para ver la actividad cerebral en reposo. Concretamente investigaban lo que se denomina “inteligencia fluida”, que podríamos traducir como la capacidad de adaptarnos a situaciones nuevas y razonar con lógica y abstracción. Según sus pruebas, en las personas que practicaban yoga el deterioro en la inteligencia fluida propio de la edad era mucho más lento, por lo que llegó a la conclusión de que esta forma de ejercicio aporta claridad intelectual y estabilidad emocional.

Menos hambre

Obviamente el yoga no es la práctica más rápida para adelgazar. Sin embargo, esta disciplina ayuda más que otras a controlar los niveles de cortisol, esa hormona del estrés que se relaciona directamente con la grasa abdominal.

El estrés está muy involucrado en el “hambre emocional”. En la Universidad Vanderbilt de Estados Unidos se estudió cómo esta actividad puede ayudar a prevenir la obesidad desde la infancia. Según sus investigaciones, los niños con sobrepeso tienen unas redes neuronales que les impulsan a comer en exceso. La inhibición de esas ansiedades sería posible con el yoga.

Además, se han hecho estudios analizando la sangre de yoguis habituales y han concluido que practicar ciertas asanas o posturas con frecuencia reduce en un 23% los niveles de colesterol en sangre. Practicando esta disciplina dos veces por semana de forma continuada se reduce la concentración sanguínea de interleucina-6, una molécula que parece estar implicada en los infartos, la diabetes tipo 2, la artritis y otras patologías.

¡Así que ya sabes, practicar yoga dos o tres veces por semana puede mejorar tu calidad de vida!

 

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